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TEMA: La Copa Perú: el huayno del ácido lisérgico (?)

La Copa Perú: el huayno del ácido lisérgico (?) 4 años 3 meses ago #11

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Tremendo, excelentísimo y genial informe del que quizás sea el mejor sitio de humor futbolero en general.
Mondo Bizarro: el huayno del ácido lisérgico
El recorrido por las rarezas del mundo futbolero no podría tener mejor arranque que la Copa Perú, el certamen en el que 25 mil equipos pelean por un ascenso a Primera.



Contra todos los agoreros que nos auguraban una corta vida, nuestra sección de invierno tendrá una especie de sobrevida, en forma de fichas (?). Zafamos del destino de olvido que le cupo a audaces propuestas de la televisión veraniega como “Arriba las gomas”, el pseudo reality “La playa” o el inclasificable “Un verano de pachanga”, en el que Vilma Palma tocó “Another Brick in the wall, part 2” (!). “Bancando la abstinencia” seguirá adelante, replicando el éxito de proyectos inicialmente de relleno como las críticamente aclamadas “Seinfeld” y “Ritmo de la noche” (?). Aunque no haya vacío que llenar, el fútbol bizarro de todo el planeta se ha ganado un lugar en nuestros botiquines de primeros auxilios y aquí lo homenajearemos.

Comenzamos con un especial dedicado a la mejor competencia de la galaxia. En el afable mundo LR! tanto posteadores como comentaristas hemos sumado candidatos a semejante contienda bizantina, desempolvando sesudos argumentos, sin desconocer por eso la eficacia de la termeada y la amenaza (?). La Copa Argentina, el Torneo del Interior, la Copa África, la Bundeslumpen, la Libertadores, los estaduales brasileños, todas ellas son sin duda certámenes plenos de atractivo, que los volverían merecidos aspirantes al mencionado galardón. Sin embargo, todos ellos palidecen ante la inconcebible realidad del campeonato al que dedicaremos la columna de hoy: la Copa Perú.

¿Qué vuelve tan especial, tan único en su especie a este torneo? Varias de las anécdotas que contaremos a continuación ayudan a alimentar el mito, pero hay un rasgo reglamentario fundamental sobre el que se montan las demás sabrosas anomalías: la copa Perú permite que simples clubes de barrio pasen de su liga distrital a la Primera División del país en solo un año. En lugar de establecer un arduo recorrido piramidal como se hace en el resto del mundo, los hermanos andinos, que no son Guillermo (?), han pergeñado un sistema que les permite a los escalones más humildes de su balompié soñar con un golpe de suerte que los lleve a los escenarios principales del país en menos de doce meses.

Como se desprende en parte del párrafo anterior, la Copa Perú, a pesar de lo que su nombre pareciera indicar, no es un equivalente de la FA Cup inglesa o la Copa del Rey española, sino que es un certamen de ascenso, acaso equiparable en su estructura a nuestro Torneo del Interior, pero con un premio deportivo mucho más suculento. En rigor de verdad, el fútbol en Perú tiene sólo dos divisionales regulares: todos lo que quedan por debajo juegan la Copa Perú, empezando por sus ligas distritales. Comparando con el sistema argentino, es como si se jugaran las ligas locales entre febrero y mayo, los ganadores clasificaran al TDI entre mayo y agosto, los clasificados de esa instancia afrontaran el Argentino “B” desde agosto hasta octubre y que desde esa instancia se llegara a un equivalente del Argentino “A”, que desde allí hasta fin de año determinaría un campeón. Pero como si esto fuera poco, en ese hipotético parangón, quien obtuviera el título saltaría directo a Primera “A”. Las peculiaridades de esta competencia, que iremos desarrollando en el post, han llevado a que se acuñe un peculiar adjetivo para caracterizarla: en Perú se lo conoce como el “fútbol macho”.

Algunos se preguntarán: ¿qué pasa con los equipos de la B, no es injusto el sistema que permite que equipos que estén por debajo se salteen etapas? Acaso para nuestra racionalidad colonizada por Europa (?) sea así. Para los organizadores del fútbol peruano es exactamente al revés: no solo es perfectamente lícito que un conjunto llegue a primera sin pasar por la divisional inmediatamente inferior, sino que sería poco ecuánime que los clubes de segunda División pudieran participar de la Copa Perú, ya que dispondrían de doble chance para ascender (!). Ese fue el argumento que se esgrimió oportunamente para rechazar la expectativa que tenían las instituciones de la categoría regular de ascenso de participar también de la irregular (?) copa. De esta manera, cada año llegan al Torneo Descentralizado (la Primera División del país) dos equipos nuevos: uno proveniente de Segunda y el otro de la Copa Perú.

Asimismo el subcampeón de la Copa asciende a segunda, pero además, como en esa categoría son habituales las deserciones y reestructuraciones de la cantidad de equipos, es habitual que los semifinalistas, y hasta algunos años los cuartofinalistas sean invitados también a la categoría de plata (?) de la nación peruana.

Para cobrar una real dimensión de la magnitud de la competencia, recordemos que nuestro estimado Pep alguna vez la había limado con un posible torneo Argentino de 3 mil equipos. Pues bien, humanoides, ¡temblad! (?). La cantidad exacta de participantes de cada edición de la Copa Perú es tan vasta que nadie saca la cuenta (?), pero se estima que ronda la impresionante suma de 25 mil conjuntos (!). Es decir que el sistema del fútbol allá se divide en una Primera División de 16 clubes, una segunda de 14, y por debajo esa masa informe de aspirantes. En realidad, la distribución de las clases sociales en la nación post-incaica es parecida, solo que con menos clase media (?). Cabe aclarar, ante quienes sigan maravillados ante el número, que muchos de los intervinientes en la competencia, ni siquieran llegan a ser “clubes” en el sentido que les damos nosotros. Más bien, tienen una entidad similar a cualquier rejuntado que toma parte en alguno de los centenares de torneos recreativos que pululan en nuestra geografía. Con la pequeña diferencia de que allá podés llegar a Primera en un año.

Al mismo tiempo, junto a esos voluntariosos y modestos valores, aparecen instituciones profesionales con ansias de llegar a los primeros planos, basadas en jugosas estructuras presupuestarias. El sistema de ascenso repentino favorece ese tipo de aventuras financieras. En nuestro territorio hemos conocido emprendimientos de ese tipo, como Real Arroyo Seco, La Plata FC, Argentino Agropecuario, entre muchos otros, pero aún con inyecciones de dinero de proveniencia inconfesable, las lides privilegiadas del fútbol nacional les quedan muy lejos. Muy distinto es en Perú, así es como han llegado al Descentralizado instituciones muy jovenes como la Universidad César Vallejo o el Real Garcilaso. Más allá de sus nombres seudoprogres (?), estos equipos aprovecharon el atajo de la Copa Perú para llegar de manera fulgurante a los primeros planos del fútbol de su país, e incluso llegar a los torneos internacionales. Por ejemplo, el Garcilaso fue fundado en 2009, ganó la Copa Perú en 2011, fue subcampeón de Primera al año siguiente y este año llegó a cuartos de la Libertadores. Distinto es el caso de la Universidad San Martín de Porres, que ni siquiera pudo bancarse el torneo de 25 mil (?) y le compró legalmente la plaza al campeón de segunda en 2003 (!).

Obviamente, la caída al abismo puede ser igual de estrepitosa: si bien los colistas de Primera bajan a Segunda, muchos equipos o bien desertan, o bien descienden dos veces consecutivas. Los casos son numerosos y exceden nuestra capacidad de procesamiento, pero mencionemos dos bastante recientes. El Total Clean, fundado a fines de 2004 (es decir que comenzó a participar en 2005), campeón de Copa Perú en 2006, ascensoreó un par de veces entre Primera y Segunda, se fusionó con otro club y cambió su nombre por el de Total Chalaco y en 2011 desapareció. Vivió a mil, como James Dean y el pibe de Glee (?). Otro caso análogo, aunque sin un desenlace tan drástico, es el de Coronel Bolognesi, club creado en 1998 con el nombre de Club Sport Bolito (!), con el cual ganó la Copa de 2001, justo antes de cambiarse el nombre. Durante la década pasada, el Bolognesi llegó a jugar 3 Sudamericanas y 1 Libertadores, pero luego descendió en dos oportunidades, con lo cual este año está participando de la Copa Perú.

El vértigo que genera este sistema es incomparable. Piensen si Chacarita o Atlanta al perder la categoría en la B Nacional tuvieran que arrancar desde la Liga de Fomento de South Villurca-Palermo Auschwitz (?), enfrentando a Pinocho, Defensores de Chacarita o el Club Social y Deportivo Eros. En este último, por lo menos, se come fenómeno, a Pietro de Santis se le hace agua la boca (?). Cabe aclarar que algunos de los que descienden desde Segunda quedan exceptuados de las rondas preliminares el primer año, como así también algunos de los que quedaron cerca del ascenso en la temporada previa de la Copa. Sin embargo, estas reglamentaciones no siempre se cumplen. Este es otro aspecto notable (y entrañable) del certamen. No solamente es imposible comprender por completo el sistema de disputa estipulado con semejante nomina de participantes, sino que además es inútil, porque nunca se cumple a rajatabla. Cada distrito, cada provincia, cada departamento (en Perú es al revés que en Argentina, los departamentos son unidades geográficas más abarcativas que las provincias), las regiones aplican el reglamento general como les pinta.

En términos prácticos, lo que le importa a los organizadores es que cada una de las ocho regiones en las que informalmente divide el Perú, clasifique sus dos representantes a la etapa Nacional de la Copa, que se disputa en los últimos dos meses del año. Sin embargo, ni siquiera en las instancias cumbres faltan las irregularidades propias del “fútbol macho”. Entre la afluencia de equipos con una infraestructura amateur y las demandas procedimentales de una competición oficial son habituales tanto las incorrecciones reglamentarias como las estratagemas para denunciarlas. Como mientras estas protestas se dirimen el torneo sigue avanzando, a veces sucede que algún conjunto es resucitado meses después de su eliminación y reingresado de manera poco delicada en el cuadro del torneo. En 2012, esto se dio casi en pleno desenlace del campeonato, entre los cuartos de final y las semis. Académicos Alfred Nobel (Tumbes) consiguió imponer su reclamo e hizo su aparición en unos improvisados “Terceros de Final” (!).

Si suceden cosas como las mencionadas en la instancias definitorias, el desvarío organizativo de las fases preliminares es completamente inenarrable. Si bien la Federación Peruana de Fútbol prescribe varios lineamientos generales para esas etapas previas, en la práctica no tiene la capacidad de fiscalizar su cumplimiento efectivo. Las singularidades aparecen en cuestiones tan básicas como la duración de los partidos. Obviamente al tratarse de una competencia oficial, los cotejos deberían extenderse por 90 minutos, pero en varias regiones es habitual que los encuentros duren 80, 70 o incluso 60 (!). Estas variaciones profundizan la comparación que hacíamos previamente con los torneos internos de clubes sociales de nuestro país. Más allá de la costumbres y el estado físico endeble de algunos de los participantes, este formato abreviado obedece en varios casos a cuestiones infraestructurales: en algunos distritos se deben disputar varios cruces en una misma cancha, y la carencia de luz artificial obliga a programar toda la jornada durante las horas de laburo del rey de allá, Inti Illimani (?). Por la misma causa, muchos juegos arrancan tempranito, a las 9 de la mañana. Pero independientemente de los acuerdos tácitos para desconocer la antojadiza (?) regla de los 90 minutos, en otras ocasiones la modificación se da sobre la marcha: este año, el Cultural y Deportivo Juvenil UTC se floreaba ante un rival mucho más débil, el Atlético Corazón Otusco. Compadecido del pobre equipo visitante, el árbitro muñequeó y terminó el primer tiempo a los 35 minutos clavados. En el complemento, los goles de Juvenil seguían llegando. Con el marcador 13-2 y solo 34 minutos disputados de esa segunda mitad, al colegiado le pareció suficiente castigo e hizo sonar el pitazo final.

El desempeño de los árbitros daría para un post aparte: más allá de la aplicación creativa (?) del reglamento que hacen, abundan las denuncias de sobornos e incentivaciones (?), partidos demorados porque la terna se va a almorzar, otros en los que falta un integrante y los cotejos se disputan con un solo línea… Pero si hablamos de árbitros, hay que invertir un dicho tradicional y concluir que es preferible que falte y no que sobre: en un par de ocasiones, por errores o internas organizativas, se destinaron dos ternas para un mismo partido (!). En esos casos, los dos jueces principales y los cuatro asistentes se hicieron presentes en el lugar estipulado y hasta salieron vestidos al campo de juego, donde participaron de encendidos debates con los delegados para dirimir a quiénes les correspondía efectivamente conducir el cotejo.

Tampoco los dirigentes son demasiado prolijos a la hora de aplicar el reglamento: las disposiciones generales de la competencia prevén que en las fases de grupos se recurra a la diferencia de gol para ordenar a los equipos igualados en puntos y en las series eliminatorias además del saldo de goles se tenga en cuentan los tantos marcados en condición de visitante. Sin embargo, no en todos los distritos, provincias y departamentos se respeta la letra escrita. En varias zonas del país se ha utilizado la cantidad de goles a favor como primer criterio de desempate. En cuanto a los cruces de mata-mata las soluciones son variopintas. Algunos se atienen al reglamento, pero en otros casos se va decidiendo sobre la marcha. Así resultó perjudicado el Luis Beethoven de Pacchas, que tras vencer por 3-0 al Sport Ayacucho, en la revancha cayó por el impresionante score de 7-10 (!). De acuerdo a la norma debería haber clasificado el conjunto sinfónico por sus conquistas fuera de casa (?), pero en lugar de eso se decidió jugar un alargue. El tema es que el venerado sol comenzó a guardar sus armas, con lo cual insólitamente el suplementario fue finiquitado antes de cumplirse los treinta minutos de rigor y se pasó a los penales. Sin embargo, no alcanzaron a sacarse diferencias antes de la puesta de Inti (?) y la serie se tuvo que definir otro día, en un tercer partido que estaba al margen de la ley (?). En otras regiones directamente optan por ignorar un descubrimiento (?) que ya tiene décadas de existencia como la diferencia de gol. En esos casos, si en una serie a doble partido cada contendiente gana un juego, se va a un tercer partidocomo en la vieja Libertadores, sin importar las holguras divergentes de las respectivas victorias.

Pero el colmo de las barrileteadas dirigenciales se dio en la ciudad de Trujillo. Solo en una competencia tan especial como la Copa Perú puede darse el caso de un presidente que retira a su equipo para favorecer a otro del que es hincha (!). En efecto, Vicente Romero se vio atrapado entre dos lealtades, ya que se desempeñaba simultáneamente como mandamás de Juventud Bellavista y como gerente del Carlos A. Mannucci. Cabe aclarar que este último es un equipo con gran trayectoria en la región, de hecho gano dos veces la Copa Perú en la década del ’60 y jugó 19 temporadas en Primera, en tres tramos separados, el último entre 1984 y 1994. Desde entonces el Mannucci ha intentado regresar sin éxito a las categorías regulares. A pesar de este alejamiento de los primeros planos, en el marco de su provincia sigue siendo un líder indiscutido: nadie pensaba que pudieran quedar afuera de la etapa siguiente, la departamental. Sin embargo, JB (así se llama coloquialmente a Juventud Bellavista) sorprendió a todos y dejó eliminado al equipo más importante de la jurisdicción. O eso parecía, porque pocos días después de concretado el resultado, el mencionado Romero convocó a una conferencia de prensa y anunció el retiro de la competencia de JB alegando que por sus compromisos personales no se podría hacer cargo de supervisar la participación ulterior de la institución que él presidía. La deserción de Juventud le devolvía la vida al ambicioso cuadro carlista. Las declaraciones caradurescas de Romero son antológicas:Tampoco los dirigentes son demasiado prolijos a la hora de aplicar el reglamento: las disposiciones generales de la competencia prevén que en las fases de grupos se recurra a la diferencia de gol para ordenar a los equipos igualados en puntos y en las series eliminatorias además del saldo de goles se tenga en cuentan los tantos marcados en condición de visitante. Sin embargo, no en todos los distritos, provincias y departamentos se respeta la letra escrita. En varias zonas del país se ha utilizado la cantidad de goles a favor como primer criterio de desempate. En cuanto a los cruces de mata-mata las soluciones son variopintas. Algunos se atienen al reglamento, pero en otros casos se va decidiendo sobre la marcha. Así resultó perjudicado el Luis Beethoven de Pacchas, que tras vencer por 3-0 al Sport Ayacucho, en la revancha cayó por el impresionante score de 7-10 (!). De acuerdo a la norma debería haber clasificado el conjunto sinfónico por sus conquistas fuera de casa (?), pero en lugar de eso se decidió jugar un alargue. El tema es que el venerado sol comenzó a guardar sus armas, con lo cual insólitamente el suplementario fue finiquitado antes de cumplirse los treinta minutos de rigor y se pasó a los penales. Sin embargo, no alcanzaron a sacarse diferencias antes de la puesta de Inti (?) y la serie se tuvo que definir otro día, en un tercer partido que estaba al margen de la ley (?). En otras regiones directamente optan por ignorar un descubrimiento (?) que ya tiene décadas de existencia como la diferencia de gol. En esos casos, si en una serie a doble partido cada contendiente gana un juego, se va a un tercer partidocomo en la vieja Libertadores, sin importar las holguras divergentes de las respectivas victorias.

Pero el colmo de las barrileteadas dirigenciales se dio en la ciudad de Trujillo. Solo en una competencia tan especial como la Copa Perú puede darse el caso de un presidente que retira a su equipo para favorecer a otro del que es hincha (!). En efecto, Vicente Romero se vio atrapado entre dos lealtades, ya que se desempeñaba simultáneamente como mandamás de Juventud Bellavista y como gerente del Carlos A. Mannucci. Cabe aclarar que este último es un equipo con gran trayectoria en la región, de hecho gano dos veces la Copa Perú en la década del ’60 y jugó 19 temporadas en Primera, en tres tramos separados, el último entre 1984 y 1994. Desde entonces el Mannucci ha intentado regresar sin éxito a las categorías regulares. A pesar de este alejamiento de los primeros planos, en el marco de su provincia sigue siendo un líder indiscutido: nadie pensaba que pudieran quedar afuera de la etapa siguiente, la departamental. Sin embargo, JB (así se llama coloquialmente a Juventud Bellavista) sorprendió a todos y dejó eliminado al equipo más importante de la jurisdicción. O eso parecía, porque pocos días después de concretado el resultado, el mencionado Romero convocó a una conferencia de prensa y anunció el retiro de la competencia de JB alegando que por sus compromisos personales no se podría hacer cargo de supervisar la participación ulterior de la institución que él presidía. La deserción de Juventud le devolvía la vida al ambicioso cuadro carlista. Las declaraciones caradurescas de Romero son antológicas:
“Soy hincha a muerte de Mannucci y fue una decisión difícil porque JB es el equipo del barrio dónde nací. He decidido que JB ya no siga participando en la Copa Perú por motivos laborales y de salud, fue una decisión difícil pero ya está tomada. Con pocos días de preparación mis jugadores sudaron la camiseta y ganamos en la cancha, es una pena por ellos porque se quedan sin trabajo, voy a conversar con ellos. Le deseo suerte a Mannucci, yo creo que ya cumplí con ellos, me voy a dedicar a mis empresas y a pasar más tiempo con mi familia.”

El carácter amateur de la Copa hace que como a cualquiera de nosotros cuando armamos un fulbito con amigos a veces cuesta reunir la cantidad necesaria de jugadores. Completar la nómina de suplentes, sobre todo cuándo se juega de visitante es directamente un lujo en el “fútbol macho”. Reunir entre once y catorce voluntades puede considerarse un éxito, ya que no todos lo logran, sobre todo en las caóticas etapas distritales. En algunos casos se vislumbra la colisión entre el ethos de un deportista y la entendible necesidad de esparcimiento durante el fin de semana: en una ocasión, Guardia Republicana, ligado a la policía de Lima, presentó sólo ocho jugadores (los de la foto de acá arriba) y fue goleado. La púdica explicación oficial fue que los ausentes habían tenido problemas de documentación, pero fuentes confiables revelaron que en realidad varios habían disfrutado de una noche demasiado larga como para ponerse los cortos al día siguiente. Sin embargo, no todos los conjuntos que presentan alineaciones diezmadas pueden ser acusados de escasa contracción al esfuerzo. Lo demostró el plantel de Atlético San Martín de Socabaya. Mientras se dirigían en autobús para enfrentar al Compmagpa de Polobaya, el vehículo sufrió un desperfecto técnico. Parecía imposible que llegaran a horario. Entonces, sabiéndose plenamente superiores a su rival de turno y necesitados de cuidar en el mayor grado posible las modestas finanzas de su institución, los delegados optaron por enviar una dotación mínima de siete jugadores en un taxi, para poder empezar reglamentariamente el cotejo. Los elegidos opusieron una resistencia aceptable durante 25 minutos, aunque no pudieron evitar quedar en desventaja de dos tantos. En ese instante llegó el resto de sus compañeros y entonces sí: once contra once ya no hubo equivalencias (?). San Martín dio vuelta el resultado y se impuso por 3-2.

Salvo en los contados casos de equipos que tienen un apoyo financiero externo y se dejan seducir por la expectativa del ascenso rápido, la mayoría de los participantes de la Copa Perú no reciben paga alguna por su práctica deportiva. Obviamente, esto hace que esos futbolistas tengan que trabajar de otra cosa, aunque también hay algunos que se dedican exclusivamente al fútbol y se mueren de hambre (?). De hecho, los sociólogos peruanos hablan con pesar del complicado horizonte para la desclasada categoría social de los jóvenes “ni-ni-ni”: ni trabajan, ni estudian, ni juegan la Copa Perú (?).

Dejando de lado a esos lúmpenes (?), al peruano de a pie, el hombre común de su casa que va a laburar todos los días y el fin de semana se anota en el “fútbol macho” para zafar de la jabru (?), se le complica disputar cotejos oficiales entre semana, algún día hay que cumplir con la patrona (?). Por esa razón, es habitual que cuando las urgencias del calendario arrecian haya series a doble partido que se resuelven en días consecutivos: es decir, el sábado se juega la ida y el domingo la vuelta. Mientras tanto, en otras geografías, los dizque profesionales se quejan por la doble competencia que los obliga a jugar cada tres días. Sin embargo, el año pasado, tras un cuádruple empate en las posiciones, en la Liga Departamental del Callao no fue posible evitar que América y Pilsen dirimieran un miércoles su pasaje a la siguiente fase. No todos los futbolistas implicados se pudieron pedir el día de trabajo, inconveniente que fue especialmente padecido por Pilsen, que se presentó al límite, con once titulares y un solo suplente. La situación se puso muy complicada para el conjunto cervecero porque los ’90 reglamentarios finalizaron igualados sin goles y dos de sus jugadores se tenían que ir a laburar (!) sin poder quedarse para el alargue. Encima, con una gran capacidad de previsión, los afectados se habían gastado su único cambio durante el partido por razones tácticas. Los delegados del club intentaron negociar que se patearan penales directamente, pero sus contrapartes del América exigieron que se cumpla con lo pactado, es decir el suplementario. Pilsen se dispuso a aguantar con nueve, pero transcurridos cinco minutos de la prórroga, los dos valores que habían salido forzosamente reaparecieron vestidos de jugadores: habían decidido arriesgarse y faltar al trabajo. Acaso este gesto le haya dado un envión anímico a su cuadro, que apenas recuperada la igualdad numérica consiguió ponerse en ventaja. Hasta acá la historia emotiva cerraba perfecto, lástima que les metieron dos goles en los últimos cinco minutos y quedaron eliminados.

Verde Bremen de Cañete. Gracias por tanto.

Como si el inusual premio que otorga el certamen y las anécdotas narradas del “fútbol macho” no bastaran, la Copa Perú completa su carácter totalmente único ofreciendo los nombres mas bizarros y originales del orbe. Es cierto que de 25 mil hay para elegir, pero seguro que si acá pasara lo mismo, todos se llamarían “Huracán”, “Atlético de…”, “Sarmiento”. En Argentina nos conformamos con un Atlético Policial que en nuestro hermano país andino pasaría desapercibido por timorato. La lista de motes memorables es infinita. Algunos de los que no podemos dejar de mencionar son: Atlético Más que Vencedores (Chimbote), Mancos (Yungay), Deportivo Trago Corto (Arequipa), Bella Durmiente (Rupa Rupa), Deportivo Binacional (Desaguadero), Computronic (Breña), Torbellino (Pacasmayo), Los Bombones (El Carmen), Rayos X (Chiclayo), Lentos (Surquillo), Sport Grasa (Huaura), Ángeles de la Biodiversidad (Maldonado), Juana & Víctor (Bellavista), Deportivo Idóneo (Lima), Ganso Azul (Manantay), Deportivo Menos 200 Mina (Pasco), Deportivo Naranja Mecánica (Ancash), Galaxie 901 (Jesús María), Esquina del Movimiento (Lima), Deportivo Calvario (Antabamba), Resto de América (Puente Piedra), Íntimos de Alemania Federal (Lima), La Argolla (Punta Negra), Los Bambinos de Oro (San Clemente), Los Misteriosos (Lima), Los Picheros (en Perú quiere decir “borrachos”) de Mariscal Cáceres, Patrulla Juvenil (San Clemente), Rico Pollo (Santa Rita), Sangre del Pueblo (Cajamarca), Somos Aduanas (Callao). Y también la liman de lo lindo varios participantes con los homenajes onomásticos. En la Copa son celebradas luminarias peruanas como José María Arguedas (Andahuaylas), Héctor Chumpitaz (Los Olivos), Lolo Fernández (Villa El Salvador), Tupac Amarú (Sullana) o José Carlos Mariátegui (Nasca). Pero la creatividad de los intervinientes no conoce de fronteras: además del Académicos Alfred Nobel o el Beethoven (mentados más arriba), son recordados otros foráneos como Ho-Chi-Min (Huamanga) y Beckembauer (sic) de Cañete, sin omitir mezclas ideológicas más raras que la lista de UNEN (?), como es el caso del Dínamo Roosevelt (Lima); también abundan las adaptaciones de nombres de todo el globo terráqueo futbolero, a menudo con agregados locales desopilantes: está el Independiente Bigote (Piura), el Milan Kotosh (Huánuco), Manchester Tri (Huarochiori), Verde Bremen (!) de Cañete o el Chelsea-Ayacucho (Huamanga). Una mezcla hermosa entre los dos clubes más populares de España armaron en Azángaro, donde fundaron el Real Barza. Otros clones dignos de mención son los de estirpe rioplatense, como Rosario Central de Letirá, o el club que homenajea a Oscar Ahumada, el River Plate Canchacalla (?). Además, están San Lorenzo de Porococha, Chacarita Junior de Canto Grande, Boca Juniors Borroca, Unión Peñarol de Pólvora, Huracán de Chatacama y hasta Deportivo Temperley de Arequipa.

Y paramos acá para no abrumar: dejamos afuera una cantidad similar de postulantes igualmente válidos. La Copa Perú es un mundo en sí mismo, inabarcable en un post, por extenso que sea. Los invitamos a seguir conociéndolo, en los excelentes sitios que nos sirvieron de fuente principal como De Chalaca y Copa Perú. O a recorrer hasta la saciedad esta hipnótica galería de Facebook, de la que obtuvimos la mayoría de las imágenes que ilustran este texto, del que nos despedimos con algunas emocionantes postales adicionales.

Se vislumbra un reclamo por mala inclusión


“No fue intencional, juez, me lo comí”


Disculpas al de la foto anterior, no dijimos nada


Si tu viejo es juez de línea, zarpale el banderín


Fútbol “macho”: sigan el camino de su arco iris (?)


Le dedica un gol a la madre en su día, sin (?)


Adorando a Inti


Emociona este planchazo y agarrón de la casaca simultáneo


Hasta el transa se entusiasma con la Copa (?)


¡A bailar!

Fuente: La Redó!
Última Edición: 4 años 3 meses ago por LCB.
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